‘Sin tiempo para morir: ‘Un James Bond al cubo’

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Llega la esperadísima 25 entrega de la pelicula Sin tiempo para morir, que lleva casi dos años pendiente de estreno. Y tras haberla visto tiene su sentido la espera, porque es una película que solo podía verse en cines. La última ieterpretación de Daniel Craig como James Bond ha sido dirigida por el japonés Cary Joji Fukunaga y es sin duda la puesa en escena más especacular que nunca hemos viso en la saga de James Bond. Está rodada en 35 mm y panavisión y la dirección de Fukunaga marca muchísimo la estética de la película. Nunca había habido un sello autoral tan fuerte en una peli de James Bond.

EL DIRECTOR CARY JOJI FUKUNAGA

Este director nacido en California, 1977, pero de origen asiático -y al que llamaron Cary en homenaje a Cary Grant-. Lo conocimos en 2009 por la película Sin Nombre, que triunfó en Sundance y se estrenó en España en el Festival de San Sebastián, en 2011 hizo su peculiar versión de Jane Eyre, pero su nombre pasó a estar en el centro con la serie True Detective, la primera temporada en la que dirigió todos los capítulos y fue un éxito absoluto.

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En 2015 dirigió Beast of No Nation, y en 2018 hizo una serie para Netflix que no fue tan exitosa pero fue muy interesante con un punto de ciencia ficción muy peculiar: Maniac. El guión de Sin tiempo para morir cuanta con varios guionistas: el propio Fukunaga, la brillante Phoebe Waller-Bridge (Fleabag), y el tandem de guionistas Neal Purvis y Robert Wade que llevan desde 1999 cuando se estrenó El Mundo nunca es suficiente haciendo los guiones de todas las películas de James Bond.

DANIEL CRAIG, EL ACTOR

Esta es la quinta y útima película de Daniel Craig como protagonista. Y de todos los Bond de la historia es el actor más autor de toda la saga que le ha aportado unos matices dramáticos al personaje que antes no tenía. Su James Bond ha sido el que mayor lado humano tiene de todas las películas del espía. Y le ha aportado un matiz mucho más interesante.

El prólogo de la película es increíble. Y no solo hay uno, sino dos, magníficos y muy largos. Cuando empiezan los créditos de Billy Ellish ya estás completamente dentro de la película. Tras el prólogo vemos a un James Bond retirado en Jamaica -curiosamente el país en el que Ian Fleming escribió su saga de James Bond- con una masión en la jungla y le avisan de que Spectra ha conseguido un arma biológica con una bestial capacidad para matar y se convierte en el motor que mueve a James Bond para volver a la acción. La primera hora y media de arranque de la película es impresionante.

Es el James Bond en el que más libertades se han tomado sus guionistas para alterar su historia. Es muy atrevid coger a un personaje de 60 años y ponerleen situaciones nunca vistas es realmente atrevido y ofrece una de sorpresas alucinantes.

Cuenta con secuencias memorables, como la que protagoniza Ana de Armas en Cuba. Esta actriz cubana, que también ha hecho parte de su carrera en España, fue un fichaje de Daniel Craig, que tras trabajar juntos en Puñales por la espalda pidió que estuviera en su último James Bond. Funciona genial como mujer de acción, y además está muy divertida.

Más allá de las escenas de acción y los cambios sobre la mitología del personaje el gran acierto de la película es poner a un director-autor. Los grandes directores de las sagas de James Bond, los que más sagas han hecho, son todos británicos -Fukunaga es el primer norteamericano- eran cineastas artesanales. Siempre trabajaban al servicio de la historia y ha conseguido dejar una huella potente detrás de las imágenes de James Bond. Sus imágenes son un auténtico deleite.

Dentro de la propia aventura funciona muy bien también la propia historia de amor entre James Bond y Madeline Swann (Léa Seydoux), que repite personaje, y que supone un cambio de rol en los personajes femeninos, que es realmente importante porque ganan mucho más peso dramático en la narración y de alguna manera condicionan la historia. La historia de amor es muy afectada, con una luz que desborda el plano, pero que funciona en el pacto con el espectador, te enfatiza a lo loco esa historia de amor muy marcada porque las decisiones de puesta en escena del director es casi onírico.

Tiene muchísimo que hace especial a esta película: no solo hay un villano, hay dos villanos, incluye una historia de amor más grande que la propia película, un 007 ya mayor que hace las escenas de acción imposibles de realizar… Han intentado incluir en las tres horas todo el mito completo de James Bond. Y eso nos lleva a que la parte final de la película, decae. Cuando llegan los valles narrativos para que la historia avance, a mí me perdieron como espectador, y lleva a la desconexión con el espectador.

Aunque el cierre final vuelve a remontar. Hans Zimmer hace la banda sonora y adapta el clásico tema musical a su propio estilo de manera magistral.